¿Conoces esa sensación? Marcas el número. Suena el tono. Y, muy en el fondo, casi esperas que nadie conteste.
Durante mucho tiempo, ese fue mi día a día. Llamadas en frío. Marketing de interrupción. Interrumpía a personas en reuniones. Bajo estrés. Durante el almuerzo.
El problema no era mi oferta. El problema era el momento.
Yo era quien molestaba.
El «vendedor» del que quieres deshacerte rápido. El resultado: rechazo, frustración y energía desperdiciada.
Entonces cambié de perspectiva. ¿Por qué llamo a alguien que ni siquiera sabe quién soy? Es como irrumpir en el salón de alguien sin invitación.
Hoy lo hago de otra manera. Primero «llamo a la puerta». De forma digital.
Mi sistema se encarga del trabajo previo:
1. Visita el perfil (muestra interés).
2. Envía una invitación adecuada.
3. Aporta valor inicial mediante un mensaje.
Solo cuando la «puerta se abre», es decir, cuando se muestra interés, cojo el teléfono o sigo escribiendo de forma personal.
La diferencia es enorme.
Antes: «No tengo tiempo, envíeme un correo». (Cuelgan). Hoy: «Ah, hola Sebastian, he visto tu mensaje. Me alegro de que hablemos».
No es magia. Es educación en la era digital. La automatización no sustituye la conversación humana. Hace que esa conversación sea bienvenida.
¿Qué tan «frías» siguen siendo tus llamadas?
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